Lo que siempre digo cuando no debo

Foto de Pete Turner
Esta mañana me siento feliz, ayer como a la una y diez pudo venir no sé quien cargado de iones positivos desde no sé donde y todos mis pensamientos negativos se volvieron positivos, así que me pararé cinco minutos a pensar. Sólo pensar cosas positivas.
Cerrar los ojos, todo desaparece, soy feliz, te sacaré la lengua, me reiré, me columpiaré como cuando era pequeña, respiraré sin ventolin, al día siguiente no tendré porqué levantarme temprano, dormiré y dormiré , soñaré.
Esta mañana me levanté muy pronto como siempre y salí a la calle para ir a clases. No miré que tiempo hacía. Como una autómata me vestí, me puse ropa de verano y salí, el frío me traspasaba los huesos.
Caminé hacia el bus, me paré en el semáforo cuando estaba verde e intenté caminar cuando se puso rojo, bufff ando mal, muy mal, fatal.
Casi nunca digo todo lo que pienso, es que casi siempre digo lo que no quiero, lo que no puedo, lo que no debo, simplemente, a veces, centrifugo demasiado. No me gusta hacer las cosas impetuosamente, sin reflexión, sin darle muchas vueltas antes en mi cabeza, pero hay veces, cuando deseo algo mucho, cuando deseo algo con furia si lo hago, hago lo que no quiero hacer o mejor dicho lo que no debo hacer. Y lo peor de actuar impulsivamente es que le puedo hacer daño a otras personas. Y sé que cuando no tengo nada bueno que decir mejor callar, no me gusta hablar cuando estoy enfadada, procuro no echar fuera mis sentimientos, ¡joo, debería callarme!, no decir nada es mejor, más sano, volverme de plástico para que todo me resbale, echar fuera sentimientos negativos que no siempre significan que sean ciertos, puede que sólo sean malos rollos míos.
Siempre he decidido con quien quiero estar y con quien no quiero, nunca me he sentido rechazada, pero estoy cansada de que me ignoren por que no quiero. Esta mañana nos hemos quedado todos dormidos por un rato en esa aburrida clase de sociología. Pero ¿qué pasa cuando la persona con la que quiero compartir mis momentos no piensa así?
Y allí, allí en la parada del bus sentía frío en los huesos, sentía ese frío que sientes cuando quieres decir algo y te callas, ese frío que sientes cuando no dices algo por que no debes, allí, estaba quieta, inmóvil, paralizada, indolente. Luego me moví, di un paso, y de repente el sol se asomó detrás de una casa.
Si yo me fuese lejos, muy lejos, si desapareciese, ¿importaría? ¿o no? ¿seguiría sintiendo lo mismo? ¿o no? no sé, tal vez fuese mucho peor.
Eso, que digo lo que pienso y pienso lo que digo, son las mismas palabras puestas de diferente manera y con significados distintos. Podrías pensar que si desaparezco, te puedo escribir desde el espacio, desde el fin del universo, desde el polo sur o del norte, qué importa, ese es otro problema, nunca digo lo que pienso, nunca pregunto, no quiero saber nada, quiero vivir de supuestos.
Sentía poco a poco la caricia del sol en mi piel, su calor , su fuerza, lo sentía en mis brazos, mi cara, en todo mi cuerpo casi desnudo. Era como lo que siento muchas veces por las noches cuando no puedo dormir, siento como fantasmas que viene hacia mi, silenciosos, fantasmas que me cogen y me arrastran hasta que con fuerza los aparto con los brazos, siento que caigo en el vacío y es que en el fondo, es lo mismo.
Me quede en la parada del bus mucho tiempo, paso el mío, pasaron otros, y allí seguía yo paralizada, algo no me dejaba moverme, no podía actuar, quería evadirme de la realidad, su calor me cubría por completo, sentía su luz, cerraba los ojos. En esos momentos me sentí viva y contenta.
Bien, pues lo único que hay que hacer es que no se note. Aparentar. Siempre aparentar.
Simplemente ser feliz.

azuloscuro dijo
Tienes unos fantasmas caprichosos, juguetones y algo cabroncetes, que te llevan, te traen, te elevan, te hunden. Ya forman parte de tí.
Un beso aparentemente contento, verdaderamente feliz
15 Noviembre 2006 | 02:14 PM