Hoy hasta para la foto estoy apática
Esto que publico hoy lo acabo de encontrar en el pen, está claro que lo escribí este verano, no se si lo he ya lo he puesto en algún sitio, hoy no tengo ganas de escribir ni de nada, el día de ayer fue demasiado intenso, aunque le falto algo, si eso la chispa que dicen en algún sitio o yo que sé, me aburro un montón, estoy aquí esperando, me canso ya de esperar, creo que debería dedicarme a otras cosas, bueno pues eso que aquí va este relato o lo que sea por que como siempre es más o menos mi vida, no se escribir algo que no haya vivido.
Un relato cortito
Quiero escribir un cuento, aunque sólo sea un cuento corto, no quiero escribir sentimientos, con mis sentimientos sólo me sale la angustia que llevo dentro y no quiero sacarla, que se quede allí dentro.
Ella estaba cansada de escribir en el PC y, cansada de teclear, estaba cansada, anhelante, desesperada, le dolía el cuello, había pasado toda la noche despierta intentando escribir un cuento, un cuento que lo deslumbrase, que lo asombrase una vez más. Se acordaba mucho de él, lo tenía continuamente en su pensamiento, era su sueño más recurrente. Le dolía la cabeza, le dolía el cuello, cogió el paquete de aspirinas y se metió dos en la boca, las masco y luego se fue a la cocina a por un vaso de agua. Para poder seguir despierta preparó un café muy cargado, se lo sirvió y sólo pudo tomar la mitad, estaba tan fuerte que sentía que le hacía un agujero en el estómago, lo dejo al lado del teclado y en un descuido la taza se cayo entre la mesa y sus piernas. ¡Quemaba!
Miro por la ventana de su cuarto, veía los árboles, las ramas que ya empezaban a tener hojas marrones, el otoño ya está cerca pensó, vio la hierba ya un poco seca, los aspersores mal puestos que regaban más las tapias formando una lluvia multicolor con el reflejo del sol. Ella se levantó de la silla, estiró su paralizado cuerpo, se acerco aún más a la ventana, la abrió de par en par, vio pasar algunas personas, oía ladrar sin sentido al perro del vecino, pero en su cuarto sólo se oía la música suave , música que sonaba trayendo recuerdos, instantes, sentimientos.
Ese sería otro día de aquel caluroso y seco verano, un despertador empezó a sonar en la casa, era el de su padre que se tendría que levantar para ir a trabajar, el reloj marcaba las horas del paso del tiempo, entonces ojerosa y aturdida se fue al baño para darse una ducha y volver a desayunar. Estaba triste, nerviosa, sentía rigidez en el cuerpo, pensaba en como continuar aquel cuento, darle forma, buscar una historia, pero era incapaz de encontrar ideas, siempre tenía las mismas cosas en la cabeza, siempre lo tenía a él.
Se puso a desayunar con su padre que le preguntó qué tal había dormido, a lo que contesto que muy bien, su padre le contó lo que tendría que hacer en el trabajo, pero no oyó lo que le decía, siempre le aburría, era como un abuelo de esos que cuentan siempre sus batallitas y que nunca escuchan a los demás, luego se quejan de que no le cuentan nada, así era su padre.
Le echo un poco de leche al café para poder acabarlo, comió unas galletas y cuando su padre se fue volvió ante el teclado, volvió a leer lo último que había escrito y le pareció lo de siempre, siempre escribía lo mismo. Recapacitó, y pensó que nunca podría escribir algo distinto ni atrayente para él, ni siquiera para cualquier desconocido lector, siempre escribía sus angustias, sus sueños, sus paranoias, los tenía aburridos a todos, además nadie la podía entender, sus ideas se cruzaban en su cabeza, sólo les importaba quien era el “muso” que le inspiraba y eso hizo que se sintiera triste, no entendían que fuesen recursos literarios, realmente no se podían creer que no hubiese nadie en su vida, no entendían por que el rechazo a todo. Creían que era un personaje más sin decisiones propias.
A ella de repente le dio ganas de llamarlo por teléfono para decirle que leyese la historia que acababa de subir a su blog, llamarlo para que lo leyese por que se la dedicaba a él, pero de repente se dio cuenta de que el móvil que tenía hacía ya tiempo que se lo habían robado en el metro de Roma cuando había ido antes de navidades a ver a un amigo que estaba allí de Erasmus
Después de algún tiempo en el que se quedo pensando, se dijo que ya lo leería qué no importaba que al fin y al cabo seguía sin poder contar un cuento, que esto que había escrito era otra paranoia más, paranoias recurrentes desde que era una adolescente.
